Cuando algo no funciona en el coche tienes dos opciones. Darte por vencido y tomar dirección a la calle de boxes “a tomar un helado”, o adaptarte a lo que tienes para intentar sacar el máximo provecho de la situación. Y ayer Fernando Alonso tomó la decisión de seguir, algo que lo engrandece todavía más. Desde el comienzo era consciente de que tenía un problema grave en el monoplaza y no solo se dedicó a permanecer en la pista, si no que logró mejorar sus tiempos.
En este tipo de situaciones debes mirar el vaso medio lleno, sin obsesionarte con el problema e intentando disfrutar del nuevo reto. Al quedarse sin embrague, a Alonso las frenadas se le complicaron muchísimo. Perdió la ayuda que supone tener el freno motor, lo que hace que aumente la distancia de la frenada. También se vio obligado a dar golpes de gas para que engranaran las marchas. Esos factores y otras circunstancias, como la temperatura ambiente y la gran humedad en el trazado malayo, hicieron que el motor del Ferrari del asturiano acabará con fumata blanca.
Hay carreras en las que los pilotos tenemos todo de cara y otras que están plagadas de complicaciones. Una posición optimista ante estos imprevistos sirve para minimizar los problemas. Aunque no te acompañe la suerte, siempre se tendrán más probabilidades de salir con éxito de estas situaciones. En Malasia, a Fernando Alonso solo le faltaron dos vueltas para conseguir acabar, pero hizo un trabajo sublime.