Llamo liderazgo natural no al liderazgo innato, sino al que se ejerce con naturalidad, con frescura, sin la necesidad de un ejercicio consciente. Es un tema que me obsesiona, y trato de identificar cómo se puede llegar a adquirir dicho liderazgo natural. Tengo claro que el liderazgo natural no es una característica exclusiva de la vida profesional de las personas, sino de su vida “en general” (profesional + privada).

Como esbozo de definición, el liderazgo natural sería la capacidad de controlar el escenario social en el que te mueves en cada momento, de tal forma que tú te sientes cómodo, la gente a tu alrededor se siente cómoda contigo, y de esta manera consigues crear un clima favorable para llevar a cabo tus decisiones en cada situación.

En los cursos de liderazgo enseñan un conjunto de técnicas que son necesarias, pero no suficientes, para disfrutar de este liderazgo natural. Gestión de personas, Gestión de reuniones, Toma de decisiones, Comunicación, Negociación, Hablar en público, etc., todas ellas son herramientas necesarias para un buen líder. Sin embargo, hay dos componentes más que no son adquiribles en un buen curso y que, en mi opinión, son necesarias y fundamentales para el liderazgo natural:- la experiencia en las relaciones sociales- la autoconfianza.

La autoconfianza puede ser trabajada, sobre todo con el refuerzo de las experiencias positivas, pero en general pienso que es una característica muy innata de las personas. O eres de los que ves el vaso medio lleno, o medio vacío. Y, personalmente, creo que una cualidad necesaria del líder es su visión positiva de las cosas y de su capacidad para mejorarlas, su autoconfianza.

En cambio, la experiencia en las relaciones sociales es una cualidad que, en aquellos casos que no se traiga de nacimiento (la mayoría), puede trabajarse. Me refiero, a la práctica consciente de relaciones sociales que generan hábitos sociales “naturales” y necesarios en un líder: charlas informales con colaboradores, comidas con compañeros de trabajo, comportamiento social en comidas de empresa y en saraos, relaciones con proveedores y clientes, conversaciones cómplices con el jefes, comportamiento en congresos, etc.

Entre el extremo de ser un profesional “trepa” y dedicado a hacer pasillos y el otro extremo de ser un profesional eficiente y cumplidor, pero sin ningún foco en el “networking”, creo que hay un punto intermedio. Este punto intermedio sería bueno para la empresa porque fomenta las relaciones informales (que hacen funcionar la empresa más allá de los procedimientos formales) y bueno para el empleado porque le ayuda a desarrollar su “liderazgo natural”.

Mi pregunta al foro es: ¿se puede guiar desde fuera esta adquisición de experiencia en las relaciones sociales? ¿Cómo puede ayudar el coaching?