Respondiendo a la pregunta de Alberto sobre si el coaching puede ayudar a conseguir experiencia en las relaciones sociales, os cuento una forma de ver el coaching.

Todos experimentamos el placer de hablar y contar lo que nos sucede, y hemos sentido cómo la misma conversación nos lleva a soluciones que antes no habíamos pensado ¿Cierto? Esto es por 2 cosas:

1. Hablamos como pensamos y viceversa en un proceso que se retroalimenta. Si no contamos lo que nos sucede, se pierde la mitad del proceso y corremos el riesgo de encender la “lavadora” (pensamientos recurrentes y cíclicos).

Por ejemplo, si tenemos un proyecto es bueno contarlo mucho y veremos cómo se nos va aclarando y concretando para poder hacerlo realidad. Además cada vez lo veremos más cerca y además nos ayudarán porque formará parte de la realidad de muchos otros.

2. Es relevante la persona a la que contamos lo que nos sucede. Siempre hay un amigo al que nos gusta confiarnos, precisamente porque se ha ganado nuestra confianza. También contará que tenga ciertas habilidades. Hay personas muy empáticas y poco habladoras que dicen “Parece que todo el mundo viene a contarme a mí sus problemas” (si ese es tu caso, recuerda que interesarse no implica involucrarse, no puedes sufrir el dolor de todos).

Con sus gestos, sus palabras, sus silencios, sus preguntas, el coach camina junto a nosotros por lugares que no habíamos recorrido, con él encontramos un nuevo ritmo, una nueva nota musical o un nuevo instrumento en nuestra sinfonía, el color que no encontrábamos para la visión de nuestro objetivo. Es el conversador ideal con el que conseguimos claridad, simplicidad y decisión para avanzar y deshacer nuestros conflictos. Una norma: mirar siempre adelante.

Pero queda la cuestión que marca la diferencia del coaching: ¿Cómo llegar a nuevas soluciones? Estas soluciones las descubre el coachee y deben basarse en cuenta cómo somos, cómo pensamos y nuestras limitaciones (diferenciando las más fuertes, también las que más nos están bloqueando).

El coach excelente no tarda en sentir todo esto y será la palanca para ese organismo poderoso e inmensamente creador que es cada ser humano. Hace que el coachee sienta la llamada que hay detrás de cada conflicto. Te ayuda a ver el “problema” desde una lógica distinta que también está dentro de ti, pero que no habrías descubierto solo. Nos abre una nueva vitrina para que podamos elegir entre otros recursos que no sabíamos dónde teníamos. Para esto el coach nos aporta un completo conocimiento de los mecanismos del ser humano, tanto teórico como de vivencias personales.

Alberto, no me extiendo en cómo lo hace porque sería demasiado largo (un abrazo). Si tenéis curiosidad en esto u otra cosa cualquiera, estoy a vuestra disposición.