Una exposición en público es un momento de máximo estrés para la mayoría de las personas. Nos cuesta mucho comportarnos con naturalidad y adaptarnos al contexto. La multitud de miradas nos abruman ¡Nos están evaluando!

La mejor receta es pensar que los asistentes están ahí porque tienen interés en el mensaje que el orador puede transmitir. Como ponentes, si nos centramos en la tarea de ser un canal para ese mensaje, prestaremos menos atención a cómo nos evalúan personalmente. Lo importante es el mensaje, no nosotros. De ahí la doble vertiente del orador: humildad ante la importancia del mensaje que transmite y protagonismo por ser el encargado de hacerlo.

Hemos diferenciado cuatro aspectos que potencian nuestro discurso. Creemos que puede ser útil para distinguir qué hacemos bien y no tan bien. Son Contexto, Interés del público, Entusiasmo y Naturalidad. Los dos primeros tienen que ver con la preparación, los otros dos con el momento de pronunciar el discurso. Esmerarse en los cuatro aspectos permitiría un discurso 100%.

En este artículo tocaremos el primero de estos aspectos: el 25% de Control del contexto.

Las preguntas pertinentes para conocer el contexto son del tipo ¿Dónde se celebra el discurso? ¿Quién es la audiencia? ¿Cuál es la actitud del grupo en general y hacia este tema en particular? ¿Cuántos son? Incluso detalles como quién habló antes de mí o si funcionan bien los micrófonos. Analizaremos el contexto externo y nos adaptaremos a él.

 

Conociendo a la audiencia, pueden utilizarse casos y metáforas familiares para ellos. De esta forma, nos verán cercanos, entenderán nuestro discurso y estarán mejor predispuestos a que les influya.

 

Si en un discurso político en Vigo, por ejemplo, un orador habla del “poderío pesquero de España gracias a Vigo”, puede ganar puntos ante la audiencia. Lógicamente, si se exagera este efecto, puede dar sensación de pelotilleo o manipulación (p. e. en este caso, si se hace referencia a “la morriña de los emigrantes” puede vérsenos el plumero).

 

Para adaptarnos al contexto externo, podemos trabajar con nuestro estado en el contexto interno. Todos conocemos ese estado de plenitud en que nos sentimos en total conexión con la actividad que estamos realizando. Es el estado ideal de un violinista, un bailarín, un alpinista, un abogado,… Se denomina estado de flow o “estar en la zona”. En él tenemos un grado de activación adecuada (activos, pero no excesivamente ansiosos) y plenos de emociones positivas.

 

Lograr esta sensación nos proporciona un alto nivel de autoconfianza, que es básica para crear confianza en los asistentes. Esto tiene relación con la naturalidad, que es otro aspecto del discurso 100%.