Hoy sale en Marca una entrevista a Pelegrini, el entrenador del Villareal. Tiene una visión muy clara de la dinámica de un equipo, que puede servir para cualquier equipo de fútbol o de otro ámbito.

Para provocar, dice que es un “dictador democrático”: consulta y escucha a todo el mundo, pero toma él las decisiones, gusten o no. También dice que “tenemos que saber a lo que jugamos”. Pelegrini piensa que todos los estilos de juego han obtenido éxito, pero cuando han estado perfectamente definidos y compartidos por todos los componentes del equipo. Lo que más me gustó fue la mención clara que hizo del caso de Riquelme, que me parece un ejemplo de trabajo en equipo.

Los comienzos de Pelegrini en el Villareal fueron difíciles, pero contaba con un equipo compacto y que creía en él. Esto se truncó en un momento dado, con Riquelme como protagonista. Este jugador es un genio, pero es un secreto a voces que no estaba comprometido con el estilo de juego y estaba incómodo en el equipo. Parte de sus compañeros eran partidarios de hacerle sentir cómodo por su admiración a él, mientras la otra parte del vestuario pensaba algo así como “pues si no está cómodo que se vaya”. Esto afectaba al juego del equipo, que ya no tenía claro a qué jugaba, según la teoría de Pelegrini.

Finalmente, Pelegrini decidió apartarlo del equipo, diciendo al presidente varias veces “o él o yo”. Todos los aficionados pensábamos que el Villareal se iba a pique, pues Riquelme era el que ponía la calidad en este equipo recientemente ascendido. Pero tras una etapa de adaptación y zozobra, el equipo se unió de nuevo. Desde entonces, ha sido uno de los mejores equipos de la Liga.

Pelegrini tuvo la intención de demostrar que el actuar como equipo era la prioridad y que el talento individual es menos importante que la competencia “ser jugador de equipo”. A mí esto me suena a cuestiones que surgen en el día a día de la dirección de personas.

Cuando he trabajado (o jugado) en equipos que han funcionado bien, la máxima que cumplíamos todos era “pensar como equipo” en vez de “pensar como individuo”. Es difícil de explicar, pero pensar así hacía que tomara decisiones mejores para el equipo y, a largo plazo, para mí también. Al mismo tiempo, me sentía sumido en el grupo, algo así como el “orgullo de pertenencia”. Pertenecer a algo más grande que yo mismo me hacía sentir bien.

Para que esto pueda suceder, el elemento que no puede fallar es, como dice Pelegrini, “saber a qué jugamos”. Y confiar, además de en ese estilo, en los compañeros.