Hoy he tenido la oportunidad de sentir de nuevo la realidad de dos poderosas ideas, que más o menos dicen así: “Amar es aceptar la legitimidad del otro a ser un otro legítimo” y “La vida es una maestra pertinaz, que repite una y otra vez la lección y no te deja pasar página hasta que la aprendes”.

Estos días tengo la oportunidad de revivir mi reacción ante una situación en que un colaborador cercano no cumplía las expectativas que había depositado en él “¿Cómo demonios es posible que no aproveche esta oportunidad? Con todas las esperanzas que había depositado en él”.

La frustración, completamente humana y justificada, es la que pone a prueba al verdadero “líder” (reconozco que la palabra no me gusta, pero así nos entendemos). Y me refiero a líder en relación a los miembros de su entorno y también en relación a la gestión de uno mismo. Si consigo relacionarme yo satisfactoriamente con esa situación (liderazgo personal), seré capaz de liderar a mi entorno (el colaborador en cuestión y todo el entorno involucrado).

Reconozco mi dificultad para aceptar y entender que la otra persona no haga aquello que a mí me parece tan obvio: reconozco que soy parte del problema.

Si quiero resolverlo, necesitaré una visión más amplia y serena. Para ello puedo hablar con una persona adecuada, persiguiendo la catarsis (contarlo). A veces incluso puedes recibir un consejo inspirador. Otra opción es la reflexión calmada y relajada, que es más difícil, porque a veces hay un bloqueo que es como un bucle que siempre nos lleva al mismo sitio.

Si consigo la calma suficiente, puedo enfrentarme a mi miedo. “¿Por qué no me hacen caso? ¿No merezco respeto?” Éste es el verdadero bloqueo del líder, que contamina todo el pensamiento y no le permite ver la solución. Ésta es la razón de que se diga que tienen una raza especial. Desde luego, las personas de éxito a largo plazo suelen tener algo en común: una gran autoconfianza. Si superamos esta fase, lo demás viene fácilmente.

El próximo paso es tomar el momento actual desde base cero y hacer un anáilsis desde tres posiciones:

  • ¿Qué puedo aprender a partir de los hechos ocurridos sobre mi comportamiento? (no olviemos que, como todo el mundo, tenemos nuestras reacciones condicionadas que no podemos evitar) 
  • ¿Y sobre el comportamiento del otro?
  • ¿Y sobre la interrelación de uno y otro comportamiento?

Una vez hecho el diagnóstico, y también desde base cero, debo pensar cómo gestionar los 3 aspectos:

  • Yo: ¿Qué debo hacer o pensar para no bloquearme? Es la cuestión fundamental para tomar la fuerza imprescindible para la solución real. Puede servir el dar una voz de alerta cuando eso suceda y solucionarlo:
    • Pensando en algo que te guste (lo bien que va la relación con otras personas, un proyecto o cualquier otra cosa que nos haga valorar estar vivo
    • Leyendo textos inspiradores, por ejemplo las experiencias de Victor Frankl en un campo de concentración (”El hombre en busca de sentido”).
    • Haciendo cosas que te gusten. En mi caso, tocar la guitarra, aunque también puede ser ordenar la oficina, hacer una llamada o cualquier otra cosa necesaria y placentera a la vez.
  • El otro: no puedo actuar directamente, sólo respetar la legitimidad del otro a ser un otro legítimo.
  • La interrelación, es decir la solución de la situación actual ¿Qué efecto quiero conseguir ahora? ¿Cuál es el nuevo objetivo, teniendo en cuenta lo ocurrido? Aquí puede incluirse no continuar con contando con esta persona.

Por último, la pregunta obvia. La realidad aún ahora no la conocemos al 100%, pero sí lo suficiente para hacer unas hipótesis firmes… ¿Cuál es el siguiente paso para conseguir el objetivo, teniendo en cuenta estas hipótesis? O, si queremos cerciorarnos antes, puedo cuestionarme ¿Con qué acción puedo tantear si mis hipótesis son cierta? (Recuerdo el precioso lema “Si quieres comprender, actúa”).

A continuación, lo más importante: implementar con curiosidad y mimo. Necesitamos una atenta observación, pues ya sabemos que es territorio resbaladizo, aunque este asunto sea una cuestión trivial (por ello a veces es mejor cortr de raíz para evitar frustraciones futuras).

Y por último, el seguimiento de los resultados. Podemos establecer hitos en que prestar atención de qué está sucediendo porque:

  • Es mejor no desperdiciar las lecciones que este asunto nos va a dejar.
  • Es material frágil y potencialmente peligroso, que no podemos perder de vista.

No creo que haya superado esta lección todavía, porque ahora me doy cuenta de que es una misión para toda una vida. Eso sí, creo que he estudiado y aprendido un capítlo de esa lección.