Miña benquerida Sra Lola:

A Pepe se le fue la olla, Loliña. Provocó un penalty, sacudió un par de patadas cobardes al contrario tirado en el suelo, remangó un par de puñetazos y de camino al vestuario, insultó a todo el que  se tropezó. La explicación (simple) es que se le fue la olla. No hay que preguntar nada más.

Una explosión así solo se explica porque la olla se fue a dar una vuelta. En otras circunstancias, es una junta de vecinos o un problema de tráfico. No hay que saber nada más. En los pequeños detalles cotidianos, esas ollas son similares tanto en Pepe como en el que grita desaforadamente en una junta de vecinos o el que blande una barra en una discusión de tráfico. No se trata de una desconexión sino de conexiones muy profundas.

En pequeños gestos familiares, en el trabajo, es muy posible que aparecieran esas (malas) formas de reaccionar de baja intensidad como discusiones inacabadas, gestos malhumorados. Pepe no es de esa forma en el campo y un corderito fuera del estadio. El que amenaza en una discusión de tráfico o el que provoca en una junta de vecinos no tienen la olla  vacía sino que está llena de convicciones profundas. Aquel que es capaz de no saludar a sus vecinos en el ascensor de forma reiterada, aquel que discute por nimiedades con un compañero de trabajo, aquel que es capaz de llegar al insulto y la malaeducación por mantener sus razones, no está muy lejos de Pepe.

Quizás a Pepe se le ha visto el gran desplante, pero como otros muchos, su trato habitual con otros oponentes ha sido deleznable. Marchena, es otro funesto ejemplo. Sus vergüenzas salen al aire ante las cámaras. Como el show de Truman es posible que muchos pepes aparecieran en la vida diaria. No se trata del desencadenante sino de las propias conexiones que tienen esos pepes, sobre todo, cuando alcanzan una posición de poder. Y Pepe tiene mucho poder sobre un jugador caído, en su estadio y jugando en el Real Madrid.

No hay una forma de ser excepcional. Esa visión dual, una forma de ser aquí y otra allá, lleva a poner el foco en la situación y no en la olla de muchos pepes.  Posiciones de poder mal asimiladas llevan a tomar decisiones inadecuadas, por falta de valores profundos. No tienen interiorizada la humildad.  Sus ollas hierven de poder en todos los momentos, en familia y fuera de su familia. Acelerones con su potente coche, mal trato a otros compañeros, desplantes a contrarios o a utilleros o cualquier persona con menos poder, obligan a preguntar por los valores de muchos pepes. Si las relaciones con los demás se hace desde la posición y no desde los valores,  las reacciones inadecuadas  son mucho más frecuentes y sibilinas que las que realizó el jugador de Real Madrid. Puro esperpento, solo alcanzable por las manifestaciones del entrenador y del presidente del Real Madrid. Otros dos con posiciones de poder, con ollas y valores desenfocados, dentro y fuera del campo. ¿Cuántos pepes, marcelos, marchenas o boludas hay en la vida?, sra Lola.

Con cariño celestial