La emoción es un concepto clave en el acrónimo CIEN %. Tiene una doble función en el discurso:

  • Por un lado, la atención del espectador se despierta y mantiene cuando está sintiendo alguna emoción. El conferenciante buscará ese preciado objetivo que es la atención guiando al asistente a través de distintas intensidades y sensaciones emocionales. Este será un viaje emocional, en el que se mostrarán distintos colores, habrá momentos valle y momentos montaña,…

  • Por otro lado y no menos importante, como acabamos de explicar, para que el ser humano se decida a actuar (comprar, votar o simplemente integrar la información que se le da) necesita una fuerte carga de emoción.

Es por ello que previamente al discurso hay una cuestión clave “¿Qué emociones se desea transmitir a las personas que componen este público en concreto?”

La audiencia se emocionará a partir de que sienta que el conferenciante se emociona. El entusiasmo, por ejemplo, se percibe mucho más allá de las palabras que se dicen o de los gestos y entonaciones conscientes.

 

Con la emoción se desencadenan dos procesos:

  • Hay un lenguaje más sutil como reflejo de la emoción que se siente ¿Cómo provocar los destellos en la mirada de dos enamorados? No se provocan, son consecuencia de una emoción. Es lo que se denomina paralenguaje.

  • Además, gracias a la emoción, todos los estímulos que se transmiten al comunicarse son congruentes. La congruencia se produce porque la emoción tiene la capacidad de alinear todo nuestro comportamiento y hacerlo plenamente homogéneo.

 

Esa emoción tendrá diferentes grados en cada momento y múltiples tonalidades: euforia, tristeza, descontento, camaradería, ilusión,…

Una de las emociones más habituales en el discurso es el entusiasmo. Se puede definir como “adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño”. Como curiosidad, otra acepción del diccionario es “inspiración divina de los profetas”. Aunque todas las emociones tienen un efecto contagioso, el entusiasmo es particularmente poderoso.

Pero hay un elemento que siempre debe acompañar a la emoción: es preciso transmitirla con sinceridad. Si es fingida, puede provocar el efecto contrario al que deseamos, precisamente porque a nadie le gusta que manipulen aquello más profundo y puro que tenemos. La naturalidad es la cualidad que asociamos con una persona sincera y fiable. Pero ¿Qué es la naturalidad? ¿Cómo se consigue? Ese es otro de los conceptos clave del Discurso CIEN%.