Miña benquerida Sra Lola:
A Pepe se le fue la olla, Loliña. Provocó un penalty, sacudió un par de patadas cobardes al contrario tirado en el suelo, remangó un par de puñetazos y de camino al vestuario, insultó a todo el que se tropezó. La explicación (simple) es que se le fue la olla. No hay que preguntar nada más.
Una explosión así solo se explica porque la olla se fue a dar una vuelta. En otras circunstancias, es una junta de vecinos o un problema de tráfico. No hay que saber nada más. En los pequeños detalles cotidianos, esas ollas son similares tanto en Pepe como en el que grita desaforadamente en una junta de vecinos o el que blande una barra en una discusión de tráfico. No se trata de una desconexión sino de conexiones muy profundas.
En pequeños gestos familiares, en el trabajo, es muy posible que aparecieran esas (malas) formas de reaccionar de baja intensidad como discusiones inacabadas, gestos malhumorados. Pepe no es de esa forma en el campo y un corderito fuera del estadio. El que amenaza en una discusión de tráfico o el que provoca en una junta de vecinos no tienen la olla vacía sino que está llena de convicciones profundas. Aquel que es capaz de no saludar a sus vecinos en el ascensor de forma reiterada, aquel que discute por nimiedades con un compañero de trabajo, aquel que es capaz de llegar al insulto y la malaeducación por mantener sus razones, no está muy lejos de Pepe.
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